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La tragedia del Wilhelm Gustloff

Wilhelm Gustloff

El 30 de enero de 1945 el buque hospital Wilhelm Gustloff que se encontraba en el puerto de Danzing para recoger refugiados que huían del imparable avance soviético fue torpedeado y hundido por un submarino ruso S-13 capitaneado por Alexander Marinesko. 9343 víctimas perecieron en las gélidas aguas. Bienvenidos a la mayor tragedia marítima de todos los tiempos, la tragedia del Wilhelm Gustloff.

El Wilhelm Gustloff fue construido en Hamburgo Alemania en 1936 en los astilleros Blohm and Voss, inicialmente iba a ser llamado MS Adolf Hitler pero por motivos de propaganda finalmente se llamó como el mártir Nacional Socialista fallecido en 1937.

Este barco se construyó dentro del proyecto del sindicalista Robert Ley “fuerza por la alegría”, que pretendía ofrecer un servicio de ocio a todos los trabajadores alemanes, y lo consiguió, barcos como esté, entre 1938 y 1939, llevaron a miles de trabajadores alemanes a hacer cruceros por el Báltico.

Wilhelm Gustloff, de barco hospital a cementerio

Todo iba bien hasta que en 1940 estalla la guerra y los alemanes tienen que poner todos sus recursos en el frente y como no, el Gustloff se convierte en buque hospital. Realmente el periplo de este barco fue enorme, primero se convirtió en buque hospital, posteriormente fue armado para entrar en batalla, aunque por otro lado estuvo mucho tiempo parado en puerto. Pero su misión más importante la llevó a cabo en 1945 cuando a su capitán se le ordena ir al puerto de Danzing a recoger refugiados.

En el barco 375 enfermeras tienen que hacer su función en la piscina que ha tenido que ser drenada a falta de espacio, más de 1000 cadetes submarinistas que acaban de terminar sus prácticas y que tienen que volver a casa y en esta situación, más de 8500 personas embarcan en el Wilhelm Gustloff.

Las cifras oficiales hablan de 9576 personas en la realidad el barco está ocupado por más de 10580. La enfermedad y la hipotermia lo invade todo. La gente dormía al raso en la cubierta del barco por falta de espacio. La hambruna era lo de menos porque la gente prefería no comer a enfermar.

A las 12 horas del 30 de enero de 1945, los capitanes Friedrich Petersen (civil) y Wilhelm Zahn (Militar) al mando de Wilhelm Gustloff recibieron la orden de zarpar, el barco atestado se separó del atracadero mediante remolcadores, afuera de la bahía los esperaban dos torpederos el T-36 y el Löwe y un escolta el velero transatlántico Hansa

El Hansa acusó desperfectos de máquina recién abandonado el puerto y tiene que quedarse. Pocos kilómetros más adelante el T36 sufre unas via de aguas y tiene que regresar a puerto. Así el gigante se queda solo protegido por el Löwe que tiene suficiente con enfrentarse a los mil problemas de funcionamiento que tiene ya que el sistema de radio no funciona debido a las bajas temperaturas y su sistema de radar no es fiable. Todo esto sin hablar del miedo en el cuerpo que desde su salida de puerto ya provocaba el hecho de ser avisados de que varios submarinos rusos estaban por la zona.

Un desastre inevitable

Hacia las 21 horas, ya traspasando por el norte de la isla de Bornholm, un mensaje de radio indicó al Gustloff que un dragaminas se acercaba al trasatlántico. El último mensaje que recibió por su ya averiada radio que no fue capaz ni de ponerse en contacto con el Löwe.

Comienza en este momento una discusión entre los dos capitanes sobre la conveniencia de encender las luces y enfrentarse a ser vistos por cualquier barco o submarino soviético o no encenderlas y exponerse a chocar con el dragaminas. Finalmente Petersen da la orden de encender las luces de navegación.

El buque con las luces encendidas, fue detectado por el submarino soviético S-13, al mando de Alexander Marinesko que ordenó de inmediato cargar 4 torpedos mientras se colocaba en posición de ataque.

En aquel momento el Gustloff fue la excusa ideal para que Marinesko decidiera apuntarse un tanto y demostrar que su expulsión había sido injusta. Si bien es cierto que en aquel momento el Gustloff no iba pintado como un buque hospital y podía ser confundido con una fragata al capitan del S-13 le importaba poco era un barco enemigo que estaba seguro le llevaría a lo más alto dentro del partido.

A las 21:08 horas, tres torpedos hicieron impacto por estribor del Wilhelm Gustloff; el primer torpedo alcanzó el sector de proa, el segundo dio en el sector de la piscina interior en la cubierta E, matando a la mayoría de las enfermeras de la Armada, el tercero dio hacia la popa inutilizando los generadores y cortando el suministro de energía eléctrica. Un cuarto torpedo no logró salir del tubo lanzatorpedos del submarino soviético, provocando una acción de emergencia para desactivarlo. A pesar de esto el Gustloff estaba herido de muerte, 44 minutos más tarde reposaba en el fondo del mar.

No deja de ser anecdótico que el submarino S-13 fuera de fabricación alemana y que en el acuerdo de venta a la URSS se especificará explícitamente que no podría ser utilizado contra barcos alemanes. A Marinesko le importo poco.

1200 supervivientes sobre más de 9000 víctimas es un número pequeño que hace aún más horrible esta tragedia.

Y hasta aquí llega la triste historia del que ahora sí que podemos afirmar que es la mayor catástrofe marítima de la historia.

Y recordad, “Quien olvida su historia, está condenado a repetirla”, hasta el próximo día amigos.

Wilhelm Gustloff

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Antonio de la Peña

Antonio de la Peña

Un investigador, escritor, experimentador y no se sabe cuántas cosas más que comenzó a escribir desde niño y que, con pasados los 20 años, comienza a colaborar con diversos medios escritos que culminan, en octubre de 2005, cuando acaba su primera novela “Ancestros de sangre” que no publicó.

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